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Komorebi木漏れ日
Estrecho callejón de Tokio con macetas a ambos lados y una bicicleta aparcada

Destinos · Kantō東京

Treinta y siete millones de personas, y una callejuela donde el único sonido es el timbre de una bicicleta.

Tokio no es una ciudad, sino unos cuantos cientos de pueblos que crecieron hasta fundirse. Cada uno tiene su santuario, su baño público y su tienda que, desde 1912, solo vende galletas de arroz.

Nos saltamos el tumulto y apostamos por lo pequeño: una mañana en Yanaka entre muros de templos y gatos dormidos, una hora con un afilador de cuchillos, una barra de ocho asientos donde el propio chef le entrega cada pieza en mano.

Llegue sin prisas. Dos o tres noches bastan para adaptar el reloj biológico y el sentido de la escala antes de partir hacia el campo.

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¿Le gustaría quedarse más tiempo? A casi todo el mundo le pasa.

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